El reto del Minsa para integrar los datos de salud

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Digitalizar establecimientos de salud no significa simplemente conectarlos a internet. El verdadero desafío está en conseguir que las sedes puedan comunicarse, compartir información de manera segura y mantener disponibles los sistemas que sostienen la atención. Ese es uno de los retos que enfrenta el Ministerio de Salud (Minsa), luego de que su titular, Luis Dyer, anunciara cambios orientados a digitalizar procesos y mejorar el seguimiento de la atención.

Para Sandra Cavero, jefa de Desarrollo de Negocio de Gtd Perú, avanzar en esa dirección requiere trabajar sobre tres componentes: una red capaz de conectar los establecimientos, sistemas interoperables y una infraestructura tecnológica que permita almacenar, procesar y respaldar la información.

“La tecnología puede contribuir a mejorar distintos procesos, pero no resuelve por sí sola las brechas del sector. Para generar un impacto real, debe responder a las necesidades de cada institución y complementarse con una adecuada gestión, infraestructura y personal”, advierte Cavero.

El primer paso es garantizar la conectividad. Los establecimientos necesitan acceder de manera estable a aplicaciones y datos alojados tanto en centros de datos como en la nube. En este escenario, una red SD-WAN puede administrar el tráfico entre las distintas sedes y priorizar aquellas aplicaciones consideradas críticas.

Así, las historias clínicas electrónicas y las plataformas de teleconsulta pueden recibir prioridad frente a otros usos de la red, reduciendo el riesgo de que estos servicios se vean afectados por una demanda elevada de conectividad.

“No se trata únicamente de que cada establecimiento tenga acceso a internet, sino de contar con una red que permita conectar las sedes y administrar de manera adecuada las aplicaciones y la información que utilizan”, explica Cavero.

Pero una red eficiente resuelve solo una parte del problema. Si las plataformas utilizadas por cada establecimiento no pueden intercambiar información, la conexión física entre las sedes no garantiza una atención coordinada.

Por eso, el segundo elemento es la interoperabilidad. Los sistemas deben estar preparados para compartir y utilizar datos producidos por otras aplicaciones. Esto puede hacer posible que la información de un paciente acompañe su proceso de atención en diferentes establecimientos y que las historias clínicas electrónicas y las plataformas de teleconsulta funcionen de forma articulada.

“Contar con información disponible y actualizada puede facilitar la coordinación entre sedes y evitar que determinados procesos tengan que comenzar nuevamente cada vez que un paciente se atiende en otro establecimiento”, señala la ejecutiva.

La circulación de datos, sin embargo, plantea otro desafío: la seguridad. La interoperabilidad debe estar acompañada de mecanismos que determinen quién puede consultar la información, cómo se transmite y cómo se protege su confidencialidad.

El tercer frente corresponde a la capacidad tecnológica que sostiene todo este ecosistema. Cavero plantea el uso de una arquitectura híbrida, que combine servidores locales y recursos en la nube según las necesidades de cada institución. Esta infraestructura permitiría almacenar y procesar información clínica y administrativa, ejecutar copias de respaldo y mantener operativas las aplicaciones necesarias para la atención.

También podría soportar soluciones de inteligencia artificial destinadas, por ejemplo, al análisis de exámenes médicos. Para que estos servicios sean confiables, deben incorporarse además herramientas de ciberseguridad y mecanismos de continuidad operativa frente a fallas o incidentes.

“Estas herramientas pueden ayudar a ordenar procesos y mejorar el acceso a la información, pero deben formar parte de una estrategia más amplia. Su funcionamiento también depende de la gestión, la infraestructura física y el personal disponible en cada establecimiento”, precisa Cavero.

La apuesta por digitalizar el Minsa, en consecuencia, enfrenta una tarea que combina tecnología y gestión. Conectar, intercambiar y proteger información son condiciones necesarias para construir plataformas de salud integradas. La tecnología puede sentar esa base, pero su capacidad para generar mejoras sostenibles dependerá de cómo se articule con las personas, los procesos y los recursos que hacen posible la atención sanitaria.

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