La velocidad con la que una empresa puede enviar o recibir dinero desde otro país comienza a convertirse en un factor estratégico para sus operaciones. En Perú, esta necesidad cobra mayor relevancia a medida que crece el comercio exterior: las exportaciones aumentaron 37% entre enero y mayo de 2026, superaron los US$ 45.100 millones y acumularon 25 meses consecutivos de crecimiento, según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur).
Ante este escenario, las stablecoins empiezan a posicionarse como una herramienta para hacer más ágiles los movimientos internacionales de dinero. Su atractivo está relacionado principalmente con dos factores: la posibilidad de acelerar las liquidaciones y la reducción de costos frente a los mecanismos tradicionales.
La tendencia ya muestra una importante adopción empresarial a nivel global. Según The 2026 State of Stablecoins, estudio elaborado por Rapyd, el 64% de las empresas ya utiliza stablecoins o contempla incorporarlas durante los próximos tres años. Además, el 72% considera que la rapidez de los pagos y las liquidaciones es su principal ventaja, mientras que el 60% valora el ahorro de costos.
«El interés por las stablecoins responde a una necesidad concreta de las empresas: operar con mayor eficiencia. En Perú esta tendencia encuentra un entorno favorable, donde el ecosistema de pagos digitales ya supera los 1.100 millones de transacciones mensuales y registra un crecimiento interanual del 45%, lo que demuestra que existe una base empresarial cada vez más preparada para adoptar infraestructura de pagos más eficiente», explicó William Nejo, VP Transformation de Rapyd.
El potencial de estas soluciones se concentra especialmente en aquellas compañías que realizan operaciones frecuentes con el extranjero. Los pagos a proveedores internacionales, los cobros de clientes ubicados fuera del país y los desembolsos a trabajadores en distintos mercados pueden verse afectados hoy por demoras de varios días, costos de bancos corresponsales y limitaciones de horario.
La agroexportación aparece entre las actividades con mayor potencial, junto con las empresas de servicios digitales, tecnología y comercio electrónico. Todas ellas manejan con frecuencia flujos en moneda extranjera, por lo que una infraestructura de pagos más rápida podría traducirse en una gestión financiera más eficiente.
El escenario local también está evolucionando. Rapyd considera que la entrada en vigencia, en abril de este año, del nuevo Reglamento General del Sistema Nacional de Pagos del BCRP representa un paso relevante en la modernización de la infraestructura financiera peruana. A ello se suma el lanzamiento de TAPP, previsto para diciembre.
Estos cambios apuntan a un ecosistema de pagos con mayor capacidad para incorporar nuevas alternativas y responder a las necesidades de empresas que cada vez operan con mayor intensidad más allá de las fronteras nacionales.
