IA puede dar respuestas en segundos, pero resolver problemas exige criterio

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La inteligencia artificial puede generar informes, procesar grandes cantidades de información y proponer estrategias de negocio en cuestión de segundos. Sin embargo, determinar si una respuesta es confiable, si atiende el problema correcto y si puede llevarse a la práctica sigue dependiendo de las capacidades de quien la utiliza.

Esta diferencia adquiere especial relevancia en el mercado laboral. Según el informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial, se prevé que el 39% de las habilidades actuales de los trabajadores se transforme o quede desactualizado entre 2025 y 2030. Además, siete de cada diez empleadores consultados consideran el pensamiento analítico una competencia esencial.

El desafío para las universidades, por tanto, va más allá de incorporar herramientas tecnológicas en las aulas. También supone formar profesionales capaces de interpretar datos, cuestionar resultados, evaluar alternativas y tomar decisiones fundamentadas ante situaciones concretas.

En esa línea, la Universidad María Auxiliadora (UMA) articula el aprendizaje basado en proyectos (PBL, por sus siglas en inglés), el uso de inteligencia artificial y la formación en emprendimiento como parte de una propuesta orientada a conectar los conocimientos académicos con problemas reales.

“Queremos que nuestros estudiantes sepan reconocer un problema que merece resolverse, trabajar con otros y sustentar una solución. La tecnología amplía lo que pueden hacer; el criterio les permite decidir qué vale la pena hacer y con qué consecuencias”, señala Gladys Morán, cofundadora, rectora y CEO de la UMA.

Cinco capacidades para transformar conocimientos en soluciones

La formación para un entorno cada vez más influido por la IA requiere competencias que permitan utilizar la tecnología con criterio y trasladar lo aprendido a situaciones concretas. Entre ellas destacan cinco:

1. Identificar el problema antes de buscar soluciones. Ante una dificultad, es necesario comprender sus causas antes de elegir una respuesta. Si una empresa registra una caída en sus ventas, por ejemplo, el estudiante debe analizar los datos disponibles, conocer el comportamiento de sus consumidores e identificar los factores que podrían explicar el resultado. La IA puede facilitar el procesamiento de información, pero definir qué significa y qué problema debe atenderse exige análisis.

2. Verificar la información generada por la IA. Una respuesta convincente no garantiza que los datos sean correctos. Por eso, el uso de estas herramientas debe acompañarse de la comprobación de fuentes, el contraste de información y la identificación de posibles errores o vacíos. La UNESCO también ha planteado la necesidad de incorporar la IA generativa en la educación desde un enfoque centrado en las personas y que preserve su capacidad de decisión.

3. Integrar conocimientos de distintas disciplinas. Los problemas del entorno profesional suelen combinar factores tecnológicos, económicos, administrativos y sociales. Una dificultad en un servicio de salud, por ejemplo, puede requerir conocimientos médicos, tecnológicos y de gestión. El aprendizaje basado en proyectos permite abordar desafíos de este tipo y aplicar conocimientos de distintas asignaturas a una misma situación.

4. Comprobar la viabilidad de las propuestas. Una idea puede parecer prometedora y, aun así, resultar difícil de implementar. Para evaluar su utilidad, es necesario considerar los costos, los recursos disponibles, las necesidades de los usuarios y los posibles obstáculos. Esta perspectiva resulta relevante tanto para crear un emprendimiento como para mejorar procesos empresariales o desarrollar iniciativas que respondan a necesidades de la comunidad.

5. Argumentar las decisiones y trabajar en equipo. Proponer una solución implica explicar por qué se eligió una alternativa, qué resultados se esperan y qué evidencia respalda la decisión. Escuchar otras perspectivas, defender argumentos y ajustar una propuesta cuando los resultados lo exigen son capacidades que se fortalecen mediante la práctica y el intercambio de ideas.

En la UMA, este enfoque se desarrolla mediante proyectos que buscan involucrar a los estudiantes en la investigación de problemas concretos, la formulación de alternativas y el uso de herramientas tecnológicas para evaluar resultados. La universidad también cuenta con experiencias de colaboración internacional, como el convenio con BML Munjal University, de India, que contempla cooperación académica, movilidad e investigación.

Estas oportunidades pueden ampliar las perspectivas de aprendizaje y favorecer el intercambio de experiencias en un contexto en el que los desafíos profesionales requieren cada vez más capacidad de adaptación y colaboración.

La accesibilidad también forma parte de la propuesta educativa de la institución. “Una educación accesible debe abrir oportunidades y sostener una alta exigencia académica. Queremos que el lugar de origen o los ingresos de una familia no determinen hasta dónde puede llegar un estudiante”, afirma Morán.

En un escenario en el que la inteligencia artificial puede automatizar cada vez más tareas, la formación profesional plantea una pregunta fundamental: ¿qué puede hacer una persona con lo que sabe? La respuesta no depende únicamente de cuánto conocimiento acumule o de las herramientas que domine, sino de su capacidad para analizar situaciones, tomar decisiones responsables y convertir sus ideas en soluciones útiles.

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