Nueva exigencia en pagos digitales

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La economía basada en aplicaciones está redefiniendo las reglas del movimiento de dinero. En un escenario donde millones de personas trabajan bajo demanda, la rapidez con la que se generan ingresos empieza a exigir sistemas de pago capaces de responder con mayor agilidad, estabilidad y precisión.

La llamada economía gig ha convertido a las plataformas digitales en nuevos espacios de generación laboral para conductores, repartidores, freelancers y prestadores de servicios. Sin embargo, este crecimiento también abre un desafío operativo: garantizar que los pagos acompañen el ritmo de las actividades que se realizan en tiempo real.

Radar, empresa enfocada en construir soluciones de pagos escalables, resilientes y confiables, señala que las nuevas dinámicas laborales requieren una infraestructura financiera capaz de procesar grandes cantidades de operaciones sin perder velocidad ni continuidad.

Las cifras reflejan el alcance de esta transformación. Market Growth Reports señala que durante 2024 más de 160 millones de personas participaron en la economía gig a nivel global y que más de 77 millones desarrollaron trabajos independientes o por tareas. Asimismo, las plataformas digitales representan aproximadamente el 88% de las actividades dentro de este modelo, mientras que las transacciones asociadas a aplicaciones móviles mantienen un crecimiento anual promedio del 14% desde 2021.

En la región latinoamericana, el fenómeno también adquiere protagonismo. Datos citados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estiman que cerca de 47 millones de personas están vinculadas a plataformas digitales basadas en la web, frente a una fuerza laboral regional aproximada de 330 millones de personas.

“La diferencia frente a los modelos laborales tradicionales es que quienes trabajan mediante plataformas digitales generan valor de forma continua y esperan disponer de sus recursos con una rapidez similar a la prestación del servicio. Esto obliga a las empresas a revisar la manera en que diseñan y operan sus sistemas de pago”, señala Amanda Jacobson, CRO y cofundadora de Radar.

Aunque algunas plataformas han evolucionado hacia nuevos modelos, gran parte del ecosistema todavía utiliza procesos periódicos de liquidación. Aplicaciones de movilidad y entrega como Uber, Cabify, DiDi y Rappi suelen realizar desembolsos entre dos y siete días después, dependiendo de los ciclos establecidos y los tiempos de procesamiento financiero.

El siguiente paso para estas compañías será superar la visión del pago como una simple transferencia y convertirlo en una experiencia confiable de principio a fin.

La rapidez debe estar acompañada por capacidad de respuesta ante fallas, interrupciones o incrementos inesperados en la demanda. En este escenario, la resiliencia tecnológica se convierte en un factor decisivo para garantizar que los trabajadores puedan acceder a sus ingresos cuando los necesitan.

Arquitecturas con redundancia, integración con diferentes instituciones financieras y procesos automatizados permiten mantener operaciones estables, incluso cuando existen dificultades en algún punto de la cadena de pagos.

El crecimiento futuro de este mercado reforzará esta necesidad. Según Market Growth Reports, países como Brasil e India incorporan más de 20 millones de nuevos participantes cada año a la economía gig, mientras que los servicios independientes representan aproximadamente el 36% de la participación total.

“Cuando miles de personas dependen de estos ingresos para desarrollar su actividad diaria, la infraestructura detrás de los pagos deja de ser un componente invisible y se convierte en un elemento estratégico. La velocidad importa, pero mantener una experiencia estable, confiable y sin fricciones es lo que genera verdadera confianza”, concluye Amanda Jacobson, CRO y cofundadora de Radar.

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