La creciente exposición a ciberataques está llevando a las organizaciones a replantear la forma en que gestionan sus riesgos. Más allá de una función tecnológica, la ciberseguridad comienza a consolidarse como un elemento clave para la sostenibilidad y competitividad empresarial.
Según el informe Consideraciones sobre ciberseguridad 2026 de KPMG, factores como la inteligencia artificial, la digitalización acelerada de procesos y la dependencia de proveedores tecnológicos están ampliando la superficie de ataque de las compañías y elevando la complejidad de los riesgos.
El estudio revela que el 79% de los líderes empresariales considera que el cibercrimen representa una de las principales amenazas para la prosperidad futura de sus organizaciones. A ello se suman las crecientes exigencias regulatorias y las tensiones geopolíticas que afectan la estabilidad de los negocios.
En el caso de Perú, los avances registrados durante la última década en materia de respuesta a incidentes y protección de infraestructura crítica han contribuido a fortalecer las capacidades nacionales. Sin embargo, informes del BID y la OEA indican que aún existen desafíos asociados al desarrollo de talento especializado, la coordinación entre sectores y la consolidación de un ecosistema robusto de ciberseguridad.
Ante este panorama, KPMG plantea la necesidad de evolucionar hacia estrategias de resiliencia digital que permitan anticipar amenazas, responder de manera eficiente y mantener la continuidad de las operaciones. Entre las recomendaciones destacan la adopción de mecanismos de seguridad para sistemas basados en IA, la preparación frente a escenarios de computación cuántica y la supervisión permanente de proveedores y socios tecnológicos.
Para los especialistas, las organizaciones que logren integrar la gestión de riesgos digitales en la toma de decisiones corporativas estarán mejor posicionadas para enfrentar un entorno donde la innovación tecnológica y las amenazas avanzan al mismo ritmo.
