En el aula y la oficina los videojuegos estimulan al entrenamiento mental

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Lo que antes se pensaba exclusivo de la formación académica o el desarrollo profesional, también encuentra un aliado en los videojuegos.

En la educación y en las empresas, las dinámicas gamificadas han demostrado elevar la participación y el compromiso más que los métodos tradicionales. Al enfrentarse a retos, equivocarse y corregir en un entorno controlado, los estudiantes y trabajadores transfieren lo aprendido a situaciones reales.

La clave está en que los videojuegos no solo entrenan la mente, sino que la ponen a prueba en condiciones exigentes. Toma de decisiones rápidas, memoria operativa, atención dividida y adaptabilidad son funciones cognitivas que muchos juegos demandan y que luego se aplican en la vida real.

Cada género impulsa distintas habilidades: los de estrategia fortalecen la visión a largo plazo, los MOBA potencian la colaboración bajo presión, los sandbox como Minecraft estimulan la creatividad y los simuladores permiten aprender mediante ensayo y error.

Para que esta herramienta formativa no se convierta en simple pasatiempo, se necesita un uso responsable y con propósito. Definir tiempos, objetivos y reflexionar tras la experiencia marca la diferencia entre jugar por jugar y aprender jugando.

Como resume Javier Albarracín, director del Centro de Tecnología y Transformación Digital de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP): “No es solo entretenimiento, es entrenamiento mental”.

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