Ransomware 2.0 evoluciona hacia la paralización del negocio

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El ransomware moderno ya no se limita a cifrar archivos: ha escalado hacia tácticas que afectan directamente la continuidad del negocio. Los criminales ahora combinan el robo de información con la detención deliberada de servicios esenciales, un enfoque de doble presión que obliga a las organizaciones a enfrentar simultáneamente la pérdida de datos, la interrupción operativa y la amenaza de filtración pública.

Perú figura entre los países latinoamericanos con mayor número de incidentes asociados a este tipo de ataques. La venta clandestina de accesos iniciales, el phishing altamente segmentado y la adopción de técnicas avanzadas por parte de los operadores de ransomware han incrementado la exposición del país. El riesgo se intensifica en los últimos meses del año, cuando los picos de demanda digital en comercio, logística y servicios financieros crean un terreno fértil para intrusiones que explotan cargas operativas y menor personal en turno.

De acuerdo con Luis Ladera, director de Desarrollo de Negocios de DIMA, la temporada de fin de año representa un momento crítico, pues muchos equipos trabajan con recursos ajustados y altos volúmenes de solicitudes internas. Esta combinación facilita ataques de phishing dirigidos y la toma de control de credenciales. Ladera remarca que la ciberseguridad debe concebirse como una estrategia integral que abarque segmentación, control de accesos y mecanismos de recuperación probados.

El especialista propone un conjunto de medidas esenciales para elevar la resiliencia organizacional:

Involucramiento del Directorio: la alta dirección debe asumir la ciberseguridad como prioridad estratégica que impacta la operación, la reputación y las finanzas.

Arquitectura segmentada y accesos mínimos: dividir redes críticas, aplicar autenticación multifactor y reforzar entornos OT.

Backups aislados e inmutables: asegurar copias fuera de línea y comprobar su efectividad mediante ejercicios de restauración.

Herramientas con IA y automatización: implementar soluciones capaces de identificar y bloquear amenazas avanzadas aprovechando analítica inteligente.

Planes de respuesta dinámicos y ensayados: contar con playbooks actualizados y simular incidentes de forma periódica.

Visibilidad avanzada de endpoints: usar EDR/XDR, integrar ZTNA y canalizar alertas a un SOC con monitoreo continuo.

Cultura de seguridad en el personal: capacitar constantemente en ingeniería social, phishing y protección de información.

Según Ladera, estas acciones combinadas permiten reducir brechas y mitigar el impacto de ataques disruptivos. “La defensa en profundidad y la capacidad de respuesta rápida son vitales para evitar daños operativos significativos durante épocas de alta demanda”, señala. DIMA, añade, brinda servicios gestionados y consultoría especializada para apoyar a las empresas peruanas en el fortalecimiento de su postura de seguridad.

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